El punto de quiebre: el fin de las LEFI
La consultora 1816 identificó un momento preciso en el que el crédito comenzó a complicarse: julio de 2025, cuando desaparecieron las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI). Hasta esa fecha, los préstamos en pesos al sector privado venían creciendo en términos reales a tasas que en algunos meses superaban el 10% mensual. A partir de la eliminación de ese instrumento, la tendencia se revirtió: el crecimiento se desaceleró y en los meses siguientes el crédito comenzó a mostrar caídas, llegando a registros negativos de hasta -2,5% en marzo de 2026.
Esa contracción del crédito dificultó la capacidad de las familias para refinanciar deudas y complicó la tarea de los bancos en la administración de sus carteras morosas, incluso antes de que se sumaran otros factores agravantes como el salto de tasas durante la volatilidad cambiaria de las elecciones legislativas de octubre de 2025, la aceleración de la inflación y la caída del poder adquisitivo.
Tasas altas y un círculo difícil de romper
En los primeros días de mayo, la tasa de préstamos personales promedió 68,3% anual, prácticamente sin variación respecto a enero y febrero. El informe de 1816 explica que las tasas activas se mantienen elevadas por dos razones: los prestamistas se cubren prestando solo a tasas altas ante el nivel de morosidad existente, y la incertidumbre sobre la evolución futura de las tasas persiste porque el régimen monetario de “tasa endógena” no fue modificado.
El diagnóstico de los analistas contrasta con las posturas de las autoridades económicas. El ministro Caputo atribuyó la suba de la mora a decisiones de los propios deudores, quienes habrían tomado créditos a tasas elevadas esperando que la inflación licuara sus obligaciones. Por su parte, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, sostuvo a fines de abril que el pico de la morosidad ya había quedado atrás.
Una economía que crece pero no derrama
El informe de 1816 califica de “novedoso” el escenario local: el PBI crece, pero la mejora no llega a los hogares a través de mejores salarios, mayor empleo ni mayor acceso al crédito. La tasa de morosidad, que suma ya diecisiete meses de aumento consecutivo, es la expresión más concreta de ese desfasaje. Los datos de salarios y empleo refuerzan la misma lectura: los grupos más vulnerables no muestran mejoras.
