Un actor que encontró su lugar en Madrid
La Academia de Cine española confirmó la muerte de Jack Taylor y destacó el legado de un intérprete que, tras no encontrar su lugar en Hollywood, recorrió un camino singular hasta instalarse en el barrio madrileño de Chamberí, donde vivió durante más de seis décadas.
Su trayectoria hacia España pasó por México, donde trabajó en teatro, aprendió el idioma y se sumergió en el cine local. Cuando llegó a Madrid en los años 60, tampoco encajó del todo en el cine español tradicional de la época, marcado por la censura franquista. Sin embargo, halló su nicho en las películas de terror y la serie B, géneros en los que su físico imponente y su acento extranjero resultaron un activo en lugar de un obstáculo.
Su huella en el cine de terror español
El nombre de Jack Taylor está estrechamente vinculado a la filmografía de Jesús Franco, director con quien colaboró en numerosas ocasiones. Juntos rodaron películas de vampiros y otros subgéneros del terror y el exploitation, consolidando a Taylor como uno de los rostros más reconocibles del género. Uno de sus papeles más recordados fue el del profesor Arthur Brown en Mil gritos tiene la noche, título que se convirtió en referencia obligada para los aficionados al terror. Su trayectoria en ese género incluyó además Necronomicón y apariciones televisivas como la serie Curro Jiménez, dirigida por Pilar Miró.
El propio Taylor reconocía en entrevistas que disfrutaba de encarnar villanos porque, según decía, la gente solo recuerda al malo. También valoraba que las películas rodadas fuera de España quedaban al margen de la censura local, lo que le otorgaba mayor libertad creativa.
Presencia en producciones internacionales de gran escala
Más allá de su especialización en el cine de género, Taylor también participó en proyectos de amplio alcance internacional. Tuvo un papel en Cleopatra (1963), junto a Elizabeth Taylor, y en Conan el Bárbaro, donde interpretó a un sacerdote enfrentado al personaje de Arnold Schwarzenegger. Décadas después, trabajó con Roman Polanski en La novena puerta (1999), compartiendo pantalla con Johnny Depp, y con Milos Forman en Los fantasmas de Goya (2006).
Esa combinación de títulos de culto y grandes producciones da cuenta de una carrera marcada por la versatilidad y la capacidad de reinventarse, desde los estudios mexicanos hasta los sets europeos, pasando por superproducciones de Hollywood.
El cierre de una etapa del cine español
La muerte de Jack Taylor clausura simbólicamente una época del cine español en la que actores extranjeros encontraron en Madrid un espacio propio. Taylor supo sacar provecho de su condición de forastero, construyó una identidad cinematográfica reconocible y dejó una impronta duradera en el género de terror y la serie B. Su historia también habla de un tiempo en que España era destino y refugio creativo para quienes no encontraban cabida en otros sistemas de producción.
