El fin de una salida negociada
SanCor había ingresado al concurso preventivo en febrero de 2025 con la expectativa de ordenar su crisis y garantizar la continuidad de la cooperativa. Más de un año después, ese camino quedó agotado. En el escrito presentado ante la Justicia, la empresa reconstruyó los factores que llevaron al fracaso del proceso y concluyó que la quiebra es la única alternativa posible.
Los siete factores del derrumbe
La presentación judicial identificó una cadena de problemas que se fueron acumulando. Primero, el concurso preventivo no logró cumplir su objetivo original. Segundo, los esquemas de producción colaborativa con terceros para generar ingresos no alcanzaron para revertir las limitaciones estructurales. Tercero, la empresa no pudo recomponer el acceso al crédito postconcursal ni sostener el capital de trabajo necesario para operar. Cuarto, su estructura de costos resultó demasiado rígida para adaptarse a la velocidad que exigía la crisis.
A eso se sumó, en quinto lugar, el deterioro de las relaciones comerciales con proveedores y la pérdida de previsibilidad operativa. En sexto lugar, la cooperativa acumuló nueva deuda durante el propio proceso concursal —salarial, fiscal y comercial—, agravando aún más el cuadro financiero. Y finalmente, con más de 20 pedidos de quiebra en curso y una deuda de la magnitud declarada, la empresa reconoció que resulta “materialmente imposible” estructurar una propuesta seria y cumplible para sus acreedores.
Un cierre que viene de lejos
El derrumbe de SanCor no es repentino. La cooperativa acumula décadas de crisis, ventas de plantas y rescates frustrados. La presentación judicial de esta semana formaliza el desenlace de un proceso de deterioro que, según la propia empresa, ya no tiene margen de reversión.
