Más que bienestar físico
Según López Rosetti, el movimiento corporal no debe entenderse únicamente como un componente de la salud física, sino como una intervención con efectos terapéuticos concretos sobre el sistema nervioso. En contextos de estrés creciente, donde los cuadros de tristeza y desánimo se vuelven más frecuentes, el ejercicio puede funcionar como una alternativa o complemento al tratamiento farmacológico.
Cuánto y qué tipo de ejercicio
El especialista citó los estándares de la Organización Mundial de la Salud: 150 minutos semanales de caminata rápida, distribuidos en sesiones de 30 minutos cinco días por semana, representan una dosis suficiente para obtener beneficios clínicos. En cuanto al tipo de actividad, López Rosetti aclaró que el ejercicio de musculación tiene el mismo efecto que el aeróbico en el tratamiento de la depresión, por lo que ambas modalidades son igualmente válidas.
Depresión clínica versus desánimo cotidiano
El médico estableció una distinción importante: en pacientes con depresión clínica diagnosticada, los beneficios del ejercicio comienzan a evidenciarse entre la cuarta y la octava semana. En cambio, en personas que atraviesan un estado anímico deprimido por causas emocionales o situacionales —como el estrés o las frustraciones cotidianas—, la respuesta es considerablemente más rápida, con mejoras perceptibles en pocos días. “El movimiento es un medicamento”, sintetizó el especialista.
