Un aumento mínimo para evitar uno mayor
El mecanismo adoptado por el sector energético combina un ajuste mínimo inmediato con el mantenimiento del llamado “buffer” o amortiguador de precios: una política que absorbe las fluctuaciones del barril internacional sin trasladarlas directamente al consumidor final.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, explicó la mecánica en sus redes sociales: la empresa ajustó el precio un 1% y se comprometió a sostener ese valor por 45 días adicionales, absorbiendo durante ese período las posibles variaciones del petróleo Brent. Dado que YPF concentra el 55% del mercado de combustibles del país, su posición dominante la convierte en referencia ineludible para las demás empresas, que suelen replicar sus movimientos para no quedar en desventaja competitiva.
El atraso acumulado y la cuenta pendiente
Desde que comenzó el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, los combustibles en Argentina acumularon subas de alrededor del 25%, mientras que el precio del crudo internacional se apreció más del 50%. Consultoras del sector estiman que los precios locales presentan un atraso de entre un 15% y un 16,5% respecto de las referencias globales, producto precisamente de este esquema de amortiguación.
El mecanismo toma como referencia el valor del crudo correspondiente a marzo, cercano a los 70 dólares por barril, mientras que el Brent escaló hasta los 120 dólares en sus picos recientes y ronda actualmente los 105 dólares. La diferencia entre ambas referencias queda registrada en cuentas compensadoras que las refinadoras deberán saldar cuando el precio internacional se normalice.
Sin embargo, desde el sector energético consideran improbable un retorno del petróleo a los 60 dólares por barril y proyectan que el precio internacional se estabilice en torno a los 90 dólares.
El mecanismo de precios variables
El esquema de YPF incluye también la aplicación del micropricing: una herramienta que permite ajustar el precio final al consumidor según franjas horarias, corredores y regiones, sin alterar el valor global establecido. Esto significa que los precios pueden variar según el horario o la zona geográfica, aunque siempre dentro del marco del buffer.
En cuanto a la estructura del precio de la nafta y el gasoil, el costo del crudo incide en el 40% del valor final al público. El 60% restante se distribuye entre impuestos nacionales, refinación, logística, biocombustibles y márgenes comerciales. El tipo de cambio y la actualización de impuestos también impactan directamente en los precios al surtidor.
La incertidumbre hacia adelante
El consultor energético Santiago Capdevila señaló que no hay garantías de que el petróleo internacional retorne rápidamente a valores previos al conflicto, y alertó sobre un factor adicional: “Si hacia fin de año vuelve a aparecer presión cambiaria, también puede ponerle un piso a los precios y hacer más difícil que haya bajas importantes en combustibles”.
El conflicto en Medio Oriente generó restricciones en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo y gas globales. Esa situación sostuvo la tendencia alcista del petróleo más allá de lo previsto y motivó la renovación del esquema de amortiguación. Cuando la situación internacional se estabilice, el sector deberá evaluar qué ajustes implementar para cerrar la brecha acumulada.
