El punto débil del programa
Para Prat-Gay, el talón de Aquiles del plan económico del gobierno no es la inflación ni el tipo de cambio, sino la falta de crecimiento. En su presentación, señaló que es necesario que alguien en el equipo económico esté pensando en cómo crecer, en lugar de disputar con los economistas críticos o insistir en que ya se está creciendo suficiente.
La advertencia tiene una dimensión técnica precisa: la caída de la actividad económica se está reflejando en una baja sostenida de la recaudación en términos reales, lo que pone presión sobre el equilibrio fiscal. Según Prat-Gay, si el gobierno mantiene el superávit como ancla, la respuesta inevitable será seguir recortando el gasto público. En sus palabras, la falta de crecimiento está amenazando a la propia “vaca sagrada” del plan.
Señales sociales que el gobierno no estaría leyendo
Prat-Gay también incorporó una lectura política al diagnóstico. Señaló que el crecimiento no solo es necesario desde el punto de vista económico, sino también para sostener el apoyo social al programa. Explicó que no se le puede pedir sacrificio a la gente indefinidamente y que las encuestas comienzan a mostrar un cambio de humor que el gobierno no estaría tomando suficientemente en cuenta.
A su juicio, responder a ese descontento con más confrontación verbal, en lugar de con resultados concretos en la calidad de vida, es una señal de que el oficialismo no está procesando bien las señales del entorno.
Un programa sin plan financiero
Otro flanco crítico que planteó Prat-Gay es la ausencia de una estrategia de financiamiento explícita y comunicada. A pesar de las credenciales del equipo económico y de aplicar, según sus palabras, el manual que más le gusta a Wall Street, el gobierno no logró recuperar el acceso al mercado internacional de deuda después de más de dos años de gestión. Para el economista, ese resultado contradice el relato oficial y solo puede explicarse por una falla de comunicación y de confianza.
En ese mismo sentido, cuestionó que el gobierno no haya enviado al Congreso un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que aún mantiene la redacción aprobada durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. Prat-Gay sostuvo que esa reforma contaría con respaldo opositor y sería un paso significativo en materia de institucionalidad monetaria, sin que pueda explicar por qué no se tomó esa decisión.
El antecedente que cita como modelo
Para ilustrar cómo puede funcionar un programa que combine estabilización y crecimiento, Prat-Gay recurrió al período posterior a la salida de la convertibilidad, entre 2002 y 2004, cuando él mismo presidió el Banco Central. En esa etapa, Argentina combinó un tipo de cambio competitivo con superávit fiscal y comercial, acumulación de reservas y expansión económica superior al 8% anual. Ese conjunto de variables, afirmó, era políticamente imbatible y técnicamente sólido, y constituye el tipo de resultado al que debería apuntar el gobierno actual.
