La magnitud de la crisis
La industria textil atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. La capacidad ociosa alcanza niveles históricos: en promedio, seis de cada diez máquinas permanecieron paradas durante 2024 y 2025, cifra que trepó a siete de cada diez en los últimos meses. Esto ocurre pese a que el ciclo 2021-2023 fue récord en inversiones y modernización tecnológica del sector.
La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también retrocedió: un 18% frente a 2025 y un 20% respecto de 2023.
Las causas
Pro Tejer atribuye la caída a una combinación de factores. Por un lado, la debilidad del consumo interno, vinculada a la pérdida de poder adquisitivo y al deterioro del mercado laboral. La presión de los costos de servicios básicos —agua, electricidad, gas, alquileres, educación y salud— reduce el margen disponible para gastar en bienes como indumentaria o textiles para el hogar.
Por otro lado, la apertura y desregulación de las importaciones transformó radicalmente el escenario competitivo. En 2025, las importaciones de ropa y confecciones del hogar crecieron un 185% en cantidades. En 2026, la tendencia se mantiene, con ingresos a valores históricamente bajos, lo que el propio informe califica como posibles condiciones de competencia desleal.
A eso se suma el crecimiento exponencial de las compras por plataformas internacionales: los envíos por courier crecieron un 274% en 2025 respecto del año anterior. La apreciación del tipo de cambio real también incide, al encarecer la producción local frente a los importados.
La carga impositiva
Pro Tejer también pone el foco en los impuestos. Señala que, en el caso de una prenda vendida en un shopping, aproximadamente la mitad del precio final corresponde a cargas fiscales, lo que resta competitividad a la producción nacional. La entidad reclama una reforma impositiva que alivie esa presión, en particular sobre cadenas de valor con fuerte presencia federal como la textil.
El impacto estructural
A diciembre de 2025, el sector acumulaba la pérdida de más de 20.700 puestos de trabajo en toda la cadena textil, indumentaria, cuero y calzado, lo que representa una caída del 17% en el empleo registrado respecto de 2023. Además, cerraron más de 659 empresas industriales, equivalente al 11% de los establecimientos del sector, un porcentaje que supera el promedio de caída del conjunto de la industria. Los depósitos se saturan de productos que no logran venderse, lo que extiende las dificultades financieras a toda la cadena de valor.
