Qué implica la restricción
Desde las 06:00 del martes, las distribuidoras ordenaron que las estaciones de servicio no despachen más gas del volumen “firme contratado”. Eso significa la suspensión del servicio interrumpible: aquel por el que los usuarios comerciales pagan una tarifa más baja a cambio de aceptar cortes cuando la red lo requiera.
La normativa establece una jerarquía clara: primero los hogares, los hospitales y las escuelas. Excederse del cupo garantizado tiene un costo disuasivo: una multa equivalente al valor de un litro de nafta súper por cada metro cúbico de más despachado. Desde el sector aclararon que no se trata de una medida excepcional: “Las estaciones saben que pagan un precio menor y que el suministro puede cortarse.”
Un sector en crecimiento que llega al invierno justo
La restricción llega cuando la demanda de GNC venía recuperándose con fuerza. Tras una década de caída —las conversiones pasaron de 188.000 unidades en 2015 a unas 59.000 en 2025—, el sector encontró un nuevo impulso cuando los combustibles líquidos subieron hasta un 23% por la escalada en Medio Oriente. Solo en marzo se realizaron 7.300 conversiones, un 40% más que en febrero y un 70% por encima del mismo mes del año anterior.
El norte, más comprometido
Fuera del AMBA, el cuadro es estructuralmente más grave. Las obras de reversión del Gasoducto Norte siguen sin concluirse, dejando a Salta, Jujuy y Tucumán sin capacidad suficiente para los meses fríos. La Unión Industrial de Salta advirtió sobre el impacto en sectores como la cerámica, los ingenios y la minería. El GNL aparece como alternativa, pero su precio —seis veces superior al del gas de Neuquén— lo vuelve inviable. El diagnóstico es claro: el gas sobra en las cuencas, pero no hay infraestructura para transportarlo.
Menos barcos y costos más altos
De los 24 buques de GNL que se necesitarán este invierno, solo tres están confirmados para mediados de mayo. La situación deriva de una licitación frustrada: el intento oficial de traspasar la importación y regasificación al sector privado no prosperó y la operatoria quedó nuevamente en manos de Enarsa. El costo de cada cargamento refleja la coyuntura internacional: el GNL cotiza en torno a los 20 dólares por millón de BTU, el doble que en 2025. El economista Juan José Carbajales estimó que la factura total podría llegar a 1.400 millones de dólares, frente a los 697,9 millones del año pasado.
A esos precios, la industria difícilmente pueda absorber el costo. “O paran la producción o usan carbón, que es más barato, aunque más contaminante. A ese precio, no van a comprar GNL”, advirtió Carbajales.
