De la fila 5 a la pantalla grande
El origen de la película tiene un momento preciso. Campanella venía viendo la obra desde el fondo de la sala, como director, durante once años. En 2024, sabiendo que sería la última temporada, decidió sentarse en la fila 5, al medio, como un espectador más. Lo que sintió lo cambió todo.
“Empecé a ver la película en mi cabeza”, relató el director en una entrevista concedida a La Voz del Interior. Fue entonces cuando se comunicó con Francisco Ramos, vicepresidente de contenidos de Netflix para América Latina, quien estaba de visita en Buenos Aires. Ramos fue a ver la obra al teatro Politeama y llamó a Campanella desde la puerta misma: “Hagamos la película”, le dijo. Era julio de 2024.
Conseguir los derechos no fue sencillo: la obra original, I’m Not Rappaport, del dramaturgo estadounidense Herb Gardner, estrenada en Broadway en 1985, estaba en manos de Universal. Netflix negoció con ellos y los obtuvo. “Entendieron que la interpretación que hace Juan del texto es muy diferente”, explicó Ramos.
Dos hombres, un banco, una amistad improbable
La historia sigue a Antonio Cardozo (Eduardo Blanco), encargado de un edificio en el barrio de San Telmo que sabe que el nuevo presidente del consorcio, Menéndez Roberts, tarde o temprano lo va a echar. Y a León Schwartz (Luis Brandoni), un exmilitante comunista, idealista y combativo, que se niega a rendirse ante el mundo y ante el tiempo. Los dos se encuentran a diario en un banco del Parque Lezama y construyen una amistad hecha de discusiones, invenciones y silencios cargados de humanidad.
Para Campanella, el tema central no es la vejez sino el dilema entre el conformismo y el compromiso. “Todos nosotros tenemos esa lucha adentro”, sostuvo. Por eso, en esta versión cinematográfica, el personaje de Cardozo ganó peso respecto de la obra original: “Esas dos posiciones tenían que tener el mismo valor”, explicó.
El director admitió que se identifica más con León, el idealista. Su prueba más elocuente: después de ganar el Oscar, rechazó dirigir Terminator 4 para volver a Argentina a hacer Metegol. “Todo el mundo me decía que estaba loco”, recordó.
Cine, pero no teatro filmado
Uno de los desafíos del proyecto fue evitar que la adaptación pareciera simplemente teatro captado por una cámara. Campanella fue enfático al respecto: “Vamos a definir lo que quiere decir ‘teatral’, porque a veces se puede interpretar como que le baja el precio a la película”.
El director tomó decisiones deliberadas de lenguaje cinematográfico. Eligió no usar flashbacks recreados, y en cambio apostar al primer plano y a la cámara sobre el que escucha, no solo sobre el que habla. “Si tengo a Brandoni, que es uno de los grandes del mundo, contando algo, se trata de su cara. Cortar al flashback no es más que una desilusión”, argumentó.
El rodaje se realizó en mayo de 2025 en San Telmo. La obra acumuló más de 1.300 funciones y 600.000 espectadores en Argentina y España a lo largo de sus once años en cartelera. El elenco se completa con Verónica Pelaccini, Agustín Aristarán, Manuela Menéndez, Alan Fernández y Matías Alarcón.
La lectura política que el director no esquivó
Consultado sobre si la película tiene una lectura política en el contexto actual de Argentina, Campanella no se hizo el distraído. “Y sí, obvio, pero la obra es del 84”, respondió. Y agregó que eso mismo habla de la vigencia del texto: “Yo veo Luna de Avellaneda ahora y digo: ‘Parece que la hubiéramos hecho este año’. Lamentablemente, eso habla mal de Argentina, no bien de las películas”.
Para el director, lo que más le preocupa no es el debate puntual sobre el financiamiento del INCAA —aunque también firmó la carta de cineastas dirigida al Senado alertando por ese tema—, sino algo más profundo: un clima de desprecio hacia la cultura. “Noto un movimiento que dice que en la cultura somos todos mangueros, vagos, que no sirve, que es un gasto innecesario”, señaló.
Y fue contundente al comparar con otros países: “No hay ningún país occidental, capitalista e importante, que se tire en contra de su cultura. No lo hace España, no lo hace Estados Unidos, donde existe el National Endowment for the Arts, ni hablar de Francia, ni de Inglaterra”. Para Campanella, la cultura es uno de los pocos activos reales que le quedan a Argentina: “Económicamente debe ser uno de los peores países de Latinoamérica, pero sigue siendo relevante por su cultura. Es una de las pocas cosas, si no la única, de la que podemos estar orgullosos”.
Una apuesta internacional con raíces locales
Ramos, el directivo de Netflix, fue consultado sobre si una historia tan porteña —dos señores mayores charlando en una plaza— podía tener recepción global. Su respuesta fue categórica: “Desentrañar lo local es la única forma de llegar a lo universal. ¿Quién soy yo para contradecir a Leonardo Padura?”. Y puso como ejemplo a El Eternauta: “Más porteño y más argentino que eso, no creo que haya”, dijo, en referencia al éxito internacional de esa producción.
La película ya está en salas en Buenos Aires, el conurbano, Córdoba, Tucumán, San Juan, Rosario, Paraná y La Pampa. El 6 de marzo se estrena en Netflix para todo el mundo.
