Los números que preocupan
La flota de robotaxis de Tesla, que opera en Austin y San Francisco, registró 14 incidentes en aproximadamente 1,3 millones de kilómetros recorridos. Eso equivale a un accidente cada 92.000 kilómetros.
La comparación con los estándares disponibles es contundente. El propio parámetro interno de Tesla para conductores humanos establece un choque cada 369.000 kilómetros. Las estadísticas de accidentes graves en Norteamérica, por su parte, arrojan una colisión cada 1,1 millones de kilómetros. En otras palabras, los robotaxis están teniendo incidentes casi cuatro veces más seguido que un conductor humano, y todo esto ocurrió con un operador de seguridad a bordo en cada viaje.
Los reportes indican además que la mayoría de los accidentes ocurrieron de día y con buen clima, lo que descarta las condiciones adversas como factor explicativo. Entre los incidentes documentados hay choques contra objetos fijos a baja velocidad, colisiones con el vehículo detenido y golpes al retroceder. Uno de ellos derivó en hospitalización por lesiones menores.
Autonomía real: mucho menos de lo que parece
A pesar del despliegue mediático, los viajes genuinamente autónomos son la excepción. La mayoría de los trayectos se realizan con un vehículo de seguimiento adicional, donde viajan supervisores que monitorean cada recorrido. Los viajes sin supervisión, que llegaron a ofrecerse brevemente, desaparecieron luego de la oferta habitual.
Un obstáculo adicional es la falta de transparencia. Tesla mantiene bajo reserva los detalles de sus accidentes, amparándose en la confidencialidad comercial. Eso impide saber con precisión si las fallas responden al software o a errores del operador humano a bordo. El contraste con Waymo, su principal competidor, es notorio: esa empresa publica reportes más detallados y accesibles.
El Cybercab: una apuesta sin red de seguridad
En este contexto, Tesla acaba de sacar de su fábrica en Texas la primera unidad del Cybercab, un vehículo compacto sin volante ni pedales que depende por completo de su sistema de conducción autónoma. El plan es que opere exclusivamente como taxi, con una autonomía de 320 kilómetros y un precio objetivo inferior a los 30.000 dólares.
El riesgo central de este diseño es que no admite margen de error: si el software falla, el vehículo queda inutilizable, ya que no puede conducirse de forma manual. El propio Elon Musk reconoció que se necesitan alrededor de 16.000 millones de kilómetros de datos para alcanzar una conducción autónoma segura. Con el ritmo actual de la flota, Tesla podría llegar a ese umbral recién en julio de 2026, aunque acumularlo sería apenas el punto de partida de un proceso de validación mucho más largo.
