Un sistema bajo presión
Urgidos por reacomodar sus balances en un contexto de estancamiento del crédito y de creciente dificultad para cobrar los préstamos ya otorgados, los bancos aceleraron a principios de año el ajuste de sus estructuras comerciales, lo que se traduce en un cierre cada vez más visible de sucursales.
La mora general del financiamiento al sector privado llegó al 6,4% en enero, con niveles inéditos en 20 años entre las familias: 13,2% en préstamos personales y 11% en tarjetas. Esto obliga a los bancos a incrementar sus previsiones contables en un momento de negocios complicados.
De 4.414 a 4.131 sucursales en dos años
La red física de la banca local, que a fines de 2023 contaba con 4.414 sucursales, cerró 2024 con 4.336 y se redujo hasta 4.131 hacia fines del año pasado. Ese ajuste implicó la pérdida de 7.683 puestos de trabajo en dos años, el 62% de los cuales se verificó en el último ejercicio.
El proceso tiene raíces previas. El cambio de hábitos que impulsó la pandemia, las fusiones entre entidades —como Galicia/HSBC y Macro/Itaú— y el avance de la digitalización ya venían reduciendo la afluencia a las sucursales. Hoy el 90% de las transacciones se realizan de forma digital, según señalaron desde una entidad líder.
El peso de la incobrabilidad en los resultados
Más allá de la transformación tecnológica, la necesidad de bajar costos se impuso con fuerza. Según el analista y exdirector del Banco Central Pablo Curat, el ratio de previsiones sobre cartera irregular cayó del 159% al 94% en 2025, lo que implica que cualquier peso adicional en mora impacta de lleno en el estado de resultados del mes. Hoy los gastos por incobrabilidad se llevan más del 75% del resultado neto de los bancos.
Los impagos en el segmento empresarial se triplicaron desde junio, con mayor morosidad en hoteles, restaurantes, pesca y agroindustria.
Alerta sindical
La situación encendió las alarmas en La Bancaria, que declaró el “estado de alerta y movilización” ante los cierres recientes y denunció políticas de “persecución y hostigamiento” en algunos casos para provocar despidos baratos. Hasta ahora, la mayoría de las desvinculaciones había sido por retiros voluntarios.
