El consumo fantasma de energía
Cuando un cargador permanece conectado a la red eléctrica sin alimentar ningún dispositivo, no está completamente inactivo. Sus circuitos internos continúan funcionando en segundo plano, generando lo que se conoce como consumo en modo espera o consumo fantasma. Aunque la electricidad demandada por un solo cargador es mínima, el problema se multiplica cuando varios dispositivos permanecen conectados permanentemente en el hogar.
Los cargadores fabricados después de 2022 consumen menos de un kilovatio hora al año cuando están enchufados sin uso. Sin embargo, los modelos anteriores a 2010 pueden triplicar esa cifra. Sumando todos los aparatos en espera de una vivienda (televisores, consolas, decodificadores, routers), el consumo innecesario termina reflejándose en la factura eléctrica y representa un uso poco eficiente de los recursos energéticos.
Riesgos de seguridad y desgaste del cargador
Desde el punto de vista de la seguridad, un cargador moderno y certificado no representa un riesgo inmediato al estar conectado sin el celular. Estos dispositivos cuentan con sistemas de protección para regular la corriente y evitar fallos graves. No obstante, el panorama cambia cuando se trata de accesorios de baja calidad, falsificados o visiblemente deteriorados.
El calor es uno de los factores clave. Aunque la energía disipada es mínima, el cargador permanece bajo tensión constante, lo que genera un leve aumento de temperatura. Con el tiempo, ese calor puede acelerar el desgaste de los componentes internos y aumentar la probabilidad de fallas, especialmente si el enchufe está en mal estado o el entorno presenta humedad. En escenarios poco frecuentes pero posibles, un cargador defectuoso puede sobrecalentarse y convertirse en una fuente de peligro.
Además, mantener el cargador siempre enchufado reduce su vida útil. El esfuerzo continuo del dispositivo por mantenerse conectado a la corriente puede traducirse en fallos prematuros y la necesidad de reemplazarlo antes de tiempo.
Mantener el celular conectado al 100% de carga
Otra práctica común es dejar el teléfono conectado incluso después de alcanzar el máximo de carga. Los smartphones actuales están diseñados para evitar sobrecargas, por lo que interrumpen el flujo principal de energía al completar la batería. Sin embargo, mantienen un consumo mínimo conocido como carga de goteo, que sirve para conservar ese nivel.
Este proceso no genera un daño inmediato, pero implica un leve estrés para la batería de iones de litio, sobre todo cuando se repite de manera constante. El calor vuelve a ser el principal enemigo. Mantener el dispositivo enchufado durante muchas horas, especialmente con cargadores no certificados, puede acelerar la degradación de las baterías.
Los especialistas recomiendan no convertir la carga al 100% en una rutina permanente. Mantener la batería entre el 20% y el 80% ayuda a prolongar su vida útil y a conservar su capacidad durante más ciclos de carga. Desconectar el cargador cuando no se usa y retirar el celular una vez completada la carga son gestos simples que no implican un cambio drástico en la rutina diaria, pero sí una forma más consciente y responsable de relacionarse con la energía y con los dispositivos electrónicos.
