Una paradoja libertaria
Para Prat-Gay, el dato más llamativo de la situación económica actual es la siguiente contradicción: un gobierno que realizó el ajuste fiscal, encaró privatizaciones y se alineó con los mercados no logró colocar deuda externa. “Es paradójico que un gobierno libertario que cumplió todo lo que le pidió Wall Street no logró acceder al mercado internacional de deuda”, afirmó.
El economista advirtió que Argentina enfrenta vencimientos en moneda extranjera del orden de los US$20.000 millones anuales y que, sin refinanciamiento externo, la única salida es pagarlos en efectivo. A eso se suman reservas netas negativas y déficit en la cuenta corriente. “No es sostenible”, sentenció.
El problema de fondo: la confianza
Prat-Gay identificó la falta de confianza en el peso como uno de los nudos centrales del programa. Sin remonetización de la economía, no puede aumentar el crédito, sin crédito no hay reactivación y sin reactivación no se acumulan reservas. “¿Qué pasa que los argentinos no terminan de confiar en el peso y qué pasa que los acreedores externos no terminan de confiar en el programa?”, preguntó. “Mientras no se resuelva esto, vamos a estar en una situación muy frágil”, respondió.
Macro versus micro
El exministro señaló además una inconsistencia entre los indicadores macroeconómicos y la realidad del sector productivo. “No puede estar bien la macro si la micro está mal. Si el resultado del programa económico es que la micro está mal, entonces está mal el programa”, concluyó.
En materia inflacionaria, comparó el desempeño actual con el de gestiones anteriores: a la misma altura de la administración Macri, la inflación mensual era del 1,5%; durante la convertibilidad, del 1%; en la gestión Duhalde, del 0,5%. “El Gobierno subestimó la inercia inflacionaria en un país de alta inflación y sigue sin interpretarlo bien”, afirmó.
Lo que falta para “enamorar”
“No hay ningún programa económico que enamore si no genera empleo, más producción y exportación”, sostuvo Prat-Gay. Consideró que las reformas estructurales necesitan lograrse por consenso, porque de lo contrario un cambio de gobierno puede revertirlas. Y alertó sobre el riesgo de retroceso: “Que Dios no permita que resucite lo viejo, pero en primer lugar el Gobierno tiene que lograr que no pase”.
En relación al caso Adorni, dijo que “el jefe de Gabinete quedó enfrascado en lo que decía que venía a cambiar” y que quienes conducen el proceso deben ser “absolutamente probos y éticos”.
